A modo de copete periodístico o síntesis, podría señalarse que la Provincia anunció el traspaso de Punta Mogotes pero el municipio rechazó las condiciones. Una novela que se sigue escribiendo en La Plata y en Mar del Plata. El gobierno bonaerense prometió devolver el complejo tras una licitación y obras de modernización. Guillermo Montenegro -intendente de licencia- y Agustín Neme -actual jefe comunal- salieron juntos a rechazar el esquema. Desde cercanías del gobernador, el concejal Gustavo Pulti -de activa participación en lo que culminó con la decisión de la provincia- salió a respaldar. En el Concejo Deliberante, Eva Ayala y Ariel Martínez Bordaisco marcaron la cancha desde veredas opuestas. Detrás del debate institucional sobre quién administra Punta Mogotes asoma una disputa política de fondo, con año electoral en el horizonte. Kicillof busca mostrarse como el impulsor de una renovación estructural de uno de los símbolos turísticos marplatenses, capitalizando el gesto de la devolución sin resignar el control del proceso. Pulti recuperó centralidad promoviendo una agenda de consenso y planificación urbana. Y el municipio enfrenta el desafío de no quedar corrido de una discusión clave para el futuro costero de la ciudad, pero sin aparecer como un obstáculo para una transformación que los marplatenses reclaman desde hace años.
