Cuando existen herederos forzosos, a los viudos solo les corresponde el derecho a usufructo, pero esto puede cambiar con la llamada ‘cautela socinianaTestamento y herencia. (Getty Images)
La viudedad da mucho juego en la literatura -“la muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas”, escribió Jardiel Poncela-, pero en la vida real perder al ser querido suele ser un drama, que a veces se ve acompañado por otra tragedia: el reparto de la herencia. Y es que la pareja del fallecido queda en un segundo plano frente a los hijos, según marca la ley: mientras que estos tienen derecho a recibir la mayor parte de los bienes -la llamada ‘legítima’, el derecho del cónyuge viudo se limita al usufructo de esos bienes, lo que significa que puede hacer uso de ellos, pero no tiene la propiedad plena.
Por ejemplo, en el caso de una vivienda, el viudo o viuda puede vivir en ella, recibir los frutos de una propiedad o, en algunos casos, arrendarla para obtener ingresos. Pero no puede venderla ni disponer de ella como si fuera de su propiedad, ya que la titularidad de los bienes heredados sigue perteneciendo a los herederos forzosos (los hijos del fallecido y, en ausencia de descendientes, los padres).Este marco legal está diseñado para proteger a las familias, asegurando que los bienes de la herencia no se desvinculen del grupo familiar directo, pero dejando al cónyuge viudo en una situación en la que, aunque puede beneficiarse de los bienes, no tiene control total sobre ellos. Esto puede generar tensiones, sobre todo cuando los herederos desean tomar decisiones que puedan afectar el uso o el valor de los bienes heredados.
