La interna del Partido Justicialista en Mar del Plata dejó un dato político que trasciende largamente el número de votantes. No fue una elección masiva –apenas algo más de cinco mil afiliados– y nadie en el peronismo se atrevería a extrapolar ese número a una elección general en un distrito del tamaño de General Pueyrredon. Pero las internas partidarias nunca se miden por volumen electoral, sino por otra variable mucho más decisiva: el poder. Y en ese terreno el resultado dejó una señal bastante clara. La lista encabezada por Daniel Di Bártolo, impulsada por Fernanda Raverta y respaldada por La Cámpora, se quedó con la conducción del partido y, con ella, con algo que en política vale mucho más que un triunfo simbólico: el control de la estructura partidaria. En otras palabras, Raverta volvió a demostrar que sigue siendo la dirigente con mayor capacidad de ordenamiento dentro del peronismo marplatense.El PJ local queda formalmente presidido por Di Bártolo, pero nadie dentro del peronismo tiene dudas de dónde está el centro de gravedad político. Quien controla el partido controla la lapicera, la representación en los congresos partidarios, la estructura territorial y, llegado el momento, el armado de las listas. Para el ravertismo, que en los últimos años tuvo que convivir con distintos intentos de disputar su liderazgo interno, la elección funcionó como una reafirmación de poder. Del otro lado quedó la lista encabezada por Adriana Donzelli, que reunió a sectores del peronismo local vinculados al armado político del gobernador Axel Kicillof y a dirigentes que venían planteando la necesidad de abrir el juego dentro del PJ marplatense. La apuesta era clara: disputar la conducción partidaria y, con ella, el liderazgo político de cara al futuro. El resultado no solo frustró ese intento, sino que dejó una secuela inevitable en toda interna peronista: heridos. En ese espacio quedaron dirigentes que apostaron fuerte a la pelea y que ahora deberán recalcular su lugar dentro del tablero.
