Durante años fue un referente del sector en la zona; hasta 2025, funcionó por concesión; hoy, está vacíoCientos de palomas se mueven en las alturas. Salen por una ventana, entran por otra. Los chimangos están al acecho desde las farolas opacas y desconectadas en el perímetro de cada edificio y los teros son amos y señores en el playón deportivo, con sus arcos de fútbol y aros de básquet, pero también con pastos que brotan fuertes y altos entre el hormigón agrietado.La presencia más próxima a la humana es pura ficción: dos maniquíes, de un hombre y una mujer, que miran al mar desde la planta alta del Hotel 4. Lo más parecido a una señal de vida real puertas adentro son una remera y dos pares de medias, en un cordel, secándose al sol entre postigos desvencijados, abiertos de par en par.
“A unos kilómetros está el Chapadmalal premium, el de turismo de buen bolsillo, los jóvenes y las grandes inversiones; este es el otro Chapadmalal, el de los laburantes y ahora el del abandono”, explica Ernesto Cassanello, que lleva décadas con su comercio del otro lado de la ruta 11 y que, en los últimos meses, vio desaparecer por completo ese fenómeno que significó durante más de 70 años el arribo de contingentes de todo el país. Cada verano con miles de familias al abrigo de programas y financiamiento del Estado nacional.El último intento de tener activo el complejo de hoteles de Chapadmalal lo hizo la actual gestión de gobierno, la misma que había sentenciado al turismo social a poco de asumir. Intentó un sistema de gestión privada, mediante concesión, con pago de estadía y comida a precios muy accesibles, todo a costo del viajero. Funcionó bien, pero duró un par de meses. Fue debut y despedida para ese modelo.
