El padre del surf olímpico une lo mejor de sus pasiones: el respeto por la naturaleza y el mar. Por eso el lugar se llama Olas. La historia de un barrio distinto.
“Es algo muy fuerte, emocionante, ver cómo se va armando esta comunidad oceánica que al principio ni soñamos”. Fernando todavia recuerda cómo, hace seis años, comenzó su nueva remada para que su tierra evolucionara hacia lo que es hoy. Aquel encierro durante la pandemia le dio la idea de compartir el espacio que había descubierto allá por 1999, cuando junto a su hermano Santiago vieron un cartel de “propiedad en venta” a la vera de la ruta 11y ambos, luego de ir a surfear, fueron directamente a señarlo a la inmobiliaria.
“Nos parecía un sitio hermoso y muy inusual. La primera tierra rural al sur del casco urbano de Mar del Plata, en el extremo norte de Chapadmalal. Eran 100 hectáreas de bosques, de naturaleza… Algo que nos encantaba desde que nuestros padres nos llevaban al campo familiar en Rauch. El amor por la tierra nos llegó de chicos y nunca se nos fue. También nos entusiasmó que aquel “campito” estaba en la zona de las mejores olas de Argentina. Nos dimos cuenta que habíamos encontrado el paraíso que hace décadas buscábamos en nuestros viajes de olas por el mundo. Y era nada menos que en nuestra querida marpla”, cuenta este marplatense que ama emprender, más todavía si es cerca del mar.
