El turismo, principal motor económico de la Patagonia, sufre cancelaciones y despidos por la percepción de los incendios (EFE)
Lo paradójico del fuego es que el fuego es un fenómeno natural que sirve para explicarlo todo. Lo bueno y lo malo. El fuego es lo ultra vivo. Puede ser el fervor y la pasión. Pero también la catástrofe y la tragedia. Puede ser la cocina o puede ser el apocalipsis. En la Patagonia, sin embargo, no hay metáforas. El fuego está comiendo porciones importantes de corredores ecológicos y cualquier esfuerzo parece insuficiente frente al avance voraz de las llamas. Una sola agua es capaz de calmar esa furia arrasadora (y esta norma se cumple desde que los incendios se desatan cada verano). Es el agua que viene del mismo origen que el fuego: el agua que cae del cielo.
