Mar del Plata vivió el mejor fin de semana de la temporada, con colas en los restaurantes, más publico que en jornadas anteriores en las salas teatrales, recitales con entradas agotadas, y alta ocupación hotelera. Si bien no se cuenta aún con cifras oficiales sobre ingresos turísticos por parte del Ente Municipal de Turismo, y coincidiéndose en destacar que la temporada es levemente inferior a la anterior, hay características que se convierten en reflejo de la actual situación económica: estadías más cortas, menos gastos -como nunca, se ve a grupos familiares almorzando o cenando en plazas o paseos públicos, compartiendo empanadas, sándwiches o pizzas- y muchos alojamientos contratados por plataformas. Párrafo aparte para los jóvenes, quienes en grupos alquilan departamentos por un par de días, realizan compras de los insumos básicos en supermercados y concurren a boliches, recitales y fiestas electrónicas, eligiendo una vez más a Mar del Plata y desplazando a otras ciudades de la costa. El bolsillo manda. El que viene será sin dudas el fin de semana más fuerte de enero. Y no sólo llegarán miles de turistas -la segunda quincena parece ser mejor que la primera- sino que además, Mar del Plata se convertirá en la capital política y gremial del país. El tradicional encuentro anual organizado por Luis Barrionuevo por un lado (estiman la llegada de 500 dirigentes de todo el país) y la visita del presidente Javier Milei con una nueva edición de la “Derecha Fest”, serán dos acontecimientos con alta repercusión.
En los ámbitos relacionados al turismo, ya no se habla de “temporada récord” sino de temporada administrada. El verano 2026 arrancó con movimiento, sí, pero con una consigna clara: menos días, más cálculo y gasto controlado. El dato que circula, y que nadie discute, es que el viaje dejó de ser el plan y pasó a ser la excusa. La excusa para un recital, una carrera, un festival, un evento puntual. Se va, se cumple, se vuelve. Nada de largas estadías ni vacaciones extendidas. El turismo, como el consumo, se volvió quirúrgico. Las decisiones, además, llegan tarde. Muy tarde. Reservas de último momento, termómetro climático en una mano y billetera en la otra. El turista 2026 mira el pronóstico, el precio y la promo. Y recién después decide, refería en la tarde del domingo el propietario de dos hoteles de tres estrellas en la ciudad, mientras sus parientes rosarinos ya eran parte de la gran cola de interesados en visitar la Fragata Libertad
En ese esquema, Mar del Plata navega en aguas medias. No explota, no se cae. Ocupación aceptable, picos cuando hay eventos, y una sensación que se repite en hoteles y gastronomía: entra gente, pero rota rápido. Tres noches es casi un lujo. Dos, lo normal. Una, cada vez más frecuente. El gasto promedio diario ronda cifras que asustan cuando se leen, pero que se relativizan cuando se gastan: entre 95 y 100 mil pesos por persona, con lupa sobre cada consumo. Se elige dónde sí y dónde no. Un show, sí. Comer afuera todos los días, no. Teatro, según la promo. Taxi, si no queda otra. En la Provincia, el número que circula es contundente: menos turistas que el verano pasado. No es un derrumbe, pero tampoco una fiesta. Es la foto de un país donde el descanso también se ajusta, se coincidía en apuntar en un informe dado a conocer por la CAME. En los despachos oficiales toman nota: sin eventos no hay temporada. Y sin bolsillo no hay milagros. El Verano 2026 confirma lo que ya se comenta en voz baja: el turismo sigue vivo, pero aprendió a caminar con muletas. Y como en la política, nadie se anima a decirlo en público, pero todos lo repiten en pasillo: el problema no es la falta de ganas de viajar, es la falta de margen para quedarse. Otro dato concreto: la primera quincena de enero mostró una señal de alerta para la temporada en la Costa Atlántica: el tránsito vehicular cayó 7,2 % interanual, con cerca de 100 mil autos menos rumbo a los principales destinos turísticos. El dato, basado en registros de Aubasa, refuerza la percepción de una menor afluencia de turistas y anticipa un impacto negativo en el consumo y la actividad económica del verano.
