Una importante muestra de Eduardo Basualdo y, además, BIENALSUR y el rescate de un artista olvidado de Tres Arroyos.El Museo MAR de Mar del Plata es una estación ineludible en la agenda cultural del verano porque, aunque está abierto todo el año, es en la temporada de vacaciones cuando recibe más visitas. Una circunstancia que la institución aprovecha para inagurar sus mejores exposiciones en esta época, la mayoría dedicadas a artistas argentinos.
Eduardo Basualdo, uno de los más destacadados creadores de nuestro país, será la atracción principal de esta temporada con una exposición llamada “Qué parte de quién”. Se trata de una muestra “site specific” donde todos los objetos y eventos de una sala participan de un concepto que involucra fuertemente al público que la visita.Por otra parte, el museo es (como en otros años) sede de BIENALSUR, la muestra global que lleva adelante la Universidad de Tres de Febrero, en 76 ciudades de 34 países del mundo. Una exposición titulada “Fragmentar la obsolescencia. Primavera silente” es parte de este gran evento y podrá verse también en las salas del MAR.
Finalmente, se exhibe una retrospectiva del artista alemán Guillermo Düvelmeyer, que falleció en 1957 en Tres Arroyos. La muestra está compuesta por un gran cuerpo pinturas rescatadas por la curadora Gabriela Francone.
Luz y sombra
Es imposible acercarse a la obra de Eduardo Basualdo sin afectarse por las preguntas que plantea su trabajo: el propio lugar en el mundo y la naturaleza de las cosas que el arte expresa. Basualdo “aborda la categoría de lo sublime en una clave oscura donde lx espectadxr es cautivx de una imagen imponente a la vez que se encuentra a la expectativa de un desenlace que nunca llega. El peligro y la curiosidad se debaten en contradicción”, explica el texto que lo describe en Ruth Benzacar, la galería que lo representa, para señalar el sobresalto que suscitan sus obras. Ese sobresalto esta presente en “Qué parte de quién”, con su dispositivo que alterna luces y sombras, con la oscuridad absoluta que convoca su composición ligada a conceptos filosóficos como el vacío y el límite.
La obra se despliega en una gran sala donde la única fuente de luz está en el centro y es ocultada a intervalos por una gran campana de metal negra. El juego que provoca esta mecánica es el de la interrupción de la luz o de la oscuridad. Un dibujo que en una pared cercana ocupa toda la superficie, es un contrapunto necesario para este ir y venir de la iluminación. La imagen de gran extensión fue creada a partir de repliegues que combinan el blanco natural del material, con el negro que se aplica en la superficie plegada.
